lunes, 22 de junio de 2009

MARIO EDUARDO FIRMENICH - Breve Biografía



Mario Eduardo Firmenich


Mario Eduardo Firmenich nació en Buenos Aires en 1948. Inició su militancia política durante la dictadura del general Onganía. Saltó a la notoriedad pública en 1970, tras la ejecución del general Aramburu por Montoneros, organización de la que fue dirigente destacado. Tras su doctorado en España se ha desempeñado como profesor invitado a diversos trabajos de investigación acerca del MERCOSUR y como profesor asociado en el Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. También ha colaborado con diversas organizaciones no gubernamentales en modelos alternativos de organización social, desarrollo sustentable y socioeconomía solidaria.

MARCELO KÖENIG ¿Crisis de sobreproducción o crisis de financierización?


KOENIG, Marcelo. Una mirada desde el peronismo revolucionario a la naturaleza de la crisis mundial: ¿Crisis de sobreproducción o crisis de financierización?
“El excedente de los capitales que –en las estructuras en vigencia- no pueden encontrar salida en la expansión de los sistemas productivos, constituye una amenaza grave para la clase dominante, la de una desvalorización masiva del capital. La gestión de la crisis impone entonces que sean ofrecidas salidas financieras que permitan evitar lo peor. Pero a su vez la fuga para adelante de la financierización no permite salir de la crisis, al contrario ella se encierra en una espiral de estancamiento porque agrava la desigualdad en la distribución y obliga a las empresas al juego financiero. La gran crisis que revestirá una forma imprevista (¿la caída de las bolsas?) está aun por venir”. Samir Amin, en el foro social del 2001.
Ríos de tinta se han gastado hablando de la crisis económica mundial que por estos tiempos afecta fundamentalmente a los norteamericanos pero en general fuertemente a todos los países centrales. Desde la visión naturalizada y catastrófica -que se convierte en mirada oficial y oficiosa desplegada por los grandes medios de comunicación se va hasta miradas desde el marxismo ortodoxo que pretenden encuadrarla en una crisis de sobreproducción clásica. Nada más alejado de la realidad.
El multimediático grupo Clarín, en particular, intenta hacernos creer que una de las plagas de Egipto se ha cernido sobre la humanidad. No sin intereses directos afectados de por medio. Recordemos que Goldman Sachs -uno de los grupos económicos directamente afectados- es propietario de una parte importante del paquete accionario del grupo Clarín. Según esta versión apocalíptica de la crisis, ésta es de naturaleza tal que nadie puede escapar de ella. Y sobrevino casi mágicamente… O bien asigna como causa a una de sus consecuencias: la caída de la bolsa de Nueva York y la explosión de la burbuja inmobiliaria (ya hablando a través de la pluma de los “especialistas económicos”).
La teoría de la plaga inexorable tiene un fuerte impacto en la economía aunque más no sea como profecía autocumplida. Convengamos en que tal como ya lo afirmará Keynes la economía capitalista tiene un fuerte componente subjetivo. Este agitar las aguas de la subjetividad tiene por objeto justificar todo tipo de intervención en salvataje de los bancos y grupos económicos afectados, pero sobre todo de disciplinar a las economías periféricas para una resolución de la crisis en donde gran parte de las consecuencias se transfieren a ellas. Ejemplo concreto: cuando la crisis del modelo neoliberal fue estallando como pequeñas burbujas en los países periféricos con mercado mediano (llamados eufemísticamente mercados emergentes), entonces dicha crisis se llevó puesta cada una de las económicas afectadas, no sólo contrayendo su PBI, sino también depreciando notablemente el valor de su moneda. Por el contrario los efectos intimidatorios de las teorías de la crisis catástrofe lo que logran precisamente es la paradoja de que cuando la crisis afecta a la locomotora del capitalismo mundial, el dólar –su moneda patrón- lejos de depreciarse gana cada vez más valor, debido a que el pánico de una hecatombe hace que los sectores económicos pudientes en los países periféricos compren dólares y no pocas veces fuguen de sus lugares de origen hacia los países centrales.
Desde un punto de vista más crítico, aunque no menos dogmático, se establece siguiendo el pensamiento económico clásico (sin la visión dialéctica que este mismo pregonaba) que se trata de una crisis de sobreproducción. En efecto el capitalismo ha tenido a lo largo de su historia una buena cantidad de crisis que tienen que ver con su carácter aleatorio en la producción. Un sistema basado no sólo en la explotación del hombre por el hombre, sino en el afán individual de lucro como motor de la historia lo que fue generando es la existencia de mayor desarrollo de bienes y servicios de lo que puede asimilar la sociedad en determinadas condiciones. Esto termina afectando directamente a los propios capitalistas produciendo una depreciación general de la economía.
Tantas fueron las crisis de sobreproducción del capitalismo que un ruso llamado Kondratief lo que hizo fue establecer los ciclos de tiempo en los que estas se producen y cómo se da la relación entre la expansión y la contracción de la economía capitalista. La crisis más famosa en este sentido fue la crisis del 29/30 muchas veces referida para establecer un paralelo con la actual.
El sistema ha salido siempre de estas crisis transfiriendo su costo a los sectores populares, tanto en el centro como en la periferia. Aunque también con fuerte impacto en la recomposición de los sectores dominantes del capital. Tengamos en cuenta lo que dice el pensador egipcio Samir Amin: el capitalismo no es especialista en resolver las crisis sino en gestionarlas.
Pero las teorías que hablan de una crisis de sobreproducción no tienen en cuenta las nuevas formas de producción y de consumo que se vienen dando a partir del último cuarto del siglo XX. Una forma de producción por pocos (desarrollo vertiginoso del procesamiento de la información y la robótica) y fundamentalmente para pocos (brutal concentración económica en manos de menos del 5% de la población mundial). El paradigma de esta forma de producción es la informática. Los mismos que en su momento compraron su XT son hoy los compradores de las computadoras de última generación.
La producción de PCs no ha agregado sustancialmente gran cantidad de trabajadores ni tampoco de consumidores a sus productos, más allá de una cierta extensión marginal geográficamente. No es la primera vez en la historia que se adopta ese modelo. Según refiere Howbsbaum antes de la eclosión de la revolución industrial el modelo seguido era similar. Los relojeros ni siquiera podían pensar en un mercado extendido a todos los habitantes de Europa sino que producían para un pequeño círculo que tenía la capacidad de pagarles. Asimismo la capacidad de producir relojes era restringida por vía de secretos transmitidos sólo a los aprendices dependientes del gremio.
El modo de producción fordiano/keynesiano de expansión (pensada como ilimitada) de la frontera de la producción y consumo tocó, en los años setenta y ochenta, su techo.
No sólo lo hizo en términos geográficos sino también en términos de los beneficios producidos para el capital. Este mismo impulso es el que fue generando una revolución en la ingeniería de la organización de la producción que se inició con el toyotismo (para profundizar todos estos temas ver los primeros capítulos del libro “Combatiendo al capital. Una teoría del Estado Nación en los tiempos de la globalización y la exclusión”).
Todas estas nuevas formas de producción/consumo conviven con las viejas en un proceso de transición, pero de un modo u otro lo que evitan es la calificación de esta crisis como una crisis de sobreproducción.
En realidad se trata de la crisis propia de la financierización de la economía. Toda la reformulación del trabajo vino acompañada de un proceso de desacople entre la representación
de la riqueza y los bienes y servicios realmente producidos. El sistema de flotación absoluta de las monedas es consecuencia en dos pasos de la superación del patrón oro en función de los acuerdos de Breton Woods y luego en 1971 de la ruptura unilateral del dólar respecto del oro. Lo que esto produjo es un crecimiento de la llamada economía simbólica muy por encima del crecimiento de la economía real. Este crecimiento desmedido se debe a la especulación financiera, como por ejemplo el desarrollo desmesurado de los derivados. Una económica que sólo tiene como valor real el ser un asiento en bits de computadora tiene una debilidad congénita. Más tarde o más temprano una burbuja financiera que no representa la producción real (pero que cada vez tiene más injerencia directa sobre ésta) tiende a explotar. El capital parecía reproducir
el capital sin pasar por el trabajo (todos sabemos que lo único que genera riqueza real es el trabajo humano). Esta quimera infla una pelota especulativa que es como una bicicleta sólo se mantiene en pie mientras esta andando. Si deja de pedalear se cae. Esto es precisamente lo que esta ocurriendo. El problema que lo que se cae no es tan sólo el aire especulativo que contiene la burbuja sino la economía real sobre la cual la burbuja opera. Nada más gráfico que la especulación sobre hipotecas de segunda categoría fue el síntoma de toda esta crisis.
La diferencia de dimensiones del capital especulativo sobre el productivo es de una magnitud tal que prácticamente no existen segmentos de este que no estén inficionados por aquel. A modo de ejemplo tomemos el caso de la Siemmens una de las empresas alemanas mayormente ligadas a la producción desde electrodomésticos hasta sistemas complejos de ingeniería. Según sus balances, los beneficios generados por su producción de bienes y servicios son apenas equivalentes a los generados por su departamento financiero. Este ejemplo es significativo pero aun es más fuerte el ver como ese capital financiero fue desplazando al capital de origen producción en la titularidad de las acciones de los grandes grupos económicos, condicionando con su lógica no sólo la forma de producción sino el comportamiento empresario mismo. Las grandes mega fusiones son otro ejemplo claro de ello.
A esta altura podemos decir que tenemos frente a nosotros a un capitalismo desnudo que intenta taparse con la hojita de parra. El proceso de desacelere de la economía yanki como locomotora de la economía mundializante era una fruta madura al borde mismo de caerse. Ya en el 2001 antes de entrar en recesión se produjo lo de las torres gemelas, dando lugar a la activación de la contradicción interna del capitalismo de los países centrales. Nos referimos a la activación del complejo militar industrial norteamericano con el que se intentó – al reactivar la industria bélica- salir de la entrada en recesión. Pero esa contradicción entre capital productivo (aunque sea para la destrucción) y capital especulativo tiene una correlación de fuerzas que no es favorable al primero.
Por eso es que fracasó el intento de salvar la economía de la potencia imperialista y poco tiempo después de estas guerras inventadas, a las que el recientemente fallecido (que en paz no descanse) Huntingtong les daba letra de justificación.
La naturaleza del capital financiero es como un cáncer que se alimenta de las células vivas del capital productivo. Y la economía capitalista actual viene haciendo metástasis por todos lados. En vano fueron las largas y duras sesiones de quimioterapia aplicadas sobre los mercados periféricos (tigres asiáticos 1997, Rusia 1998, Brasil 1999, Turquía 2000, Argentina 2001). El cáncer ya afecta directamente al corazón del imperio.
Pero no nos llamemos a engaño, ni vaticinemos con una mirada determinista nuevos mundos mejores. Cómo ha de resolverse esta crisis (o bien de gestionarse) tiene que ver con la correlación de fuerzas entre las naciones centrales y periféricas y los sectores populares con los sectores oligárquicos al interior de las naciones.
Cabe preguntarnos cómo va a incidir la crisis en nuestra propia economía. Si esta situación se hubiera producido en los años de apogeo del neoliberalismo hubiera sido realmente grave. En efecto, en los años 90 por un lado, la hegemonía del capital financiero era casi absoluta, y por el otro nuestra economía avanzaba aceleradamente hacia una integración al mercado mundial como segmento menor y dependiente del sistema globalizante. Hoy la situación no es la misma fundamentalmente porque el modelo de acumulación es otro. Si bien no se ha roto el proceso de integración y nuestra economía depende en gran medida de la exportación de comodities, lo cierto es que desde la ruptura del plan de convertibilidad se ha dado un proceso de recuperación de la industria (la más de las veces por sustitución de importaciones). Los altos precios (hasta
ahora) de los comodities y esa sustitución, significaron en su conjunto unaa tracción que le permitió a nuestro PBI crecer todos estos años a tasas aproximadas de un 9% anual, partiendo de una base muy baja en la que nos había dejado la crisis del 2001.
En términos reales debemos destacar dos cuestiones. El deterioro del PBI en estos últimos 30 años de modelo neoliberal fue tan grande que recién ahora estamos recuperando cifras históricas. Lo otro importante a destacar que ese crecimiento no se tradujo en términos reales para los sectores populares en mejoras concretas más allá de la creación de nuevos empleos. Estos, que fueron un par de millones (lo que no es poco), lograron frenar el proceso de exclusión, incluso incorporar por encima de la tasa de crecimiento de la población. Pero lo que no se avanzó en términos reales fue en la distribución de la riqueza. Si bien hoy hemos superado ampliamente el piso del 20% en el que nos había sumido la crisis del neoliberalismo, seguimos muy lejos del 50% histórico del peronismo. En el gobierno peronista del 46-55, se afectó directamente la estructura de la propiedad (más allá incluso del precepto constitucional de ponerla en función social) y por ende el reparto del excedente. La transferencia a manos del Estado de las principales empresas de mayor facturación nacional, sumadas al desarrollo efectivo de otras que afectaban de modo directo los beneficios de los capitales privados (en su mayoría extranjeros) como por ejemplo la nacionalización del comercio exterior o el desarrollo de la flota mercante argentina, evitaron la transferencia de riquezas tanto al exterior cuanto a las manos de los sectores oligárquicos.
No vamos a aproximarnos a los cánones históricos del peronismo en el reparto sino en la medida en que se afecte la propiedad de los medios de producción poniendo en manos del Estado o bien de la economía solidaria un segmento importante de la renta.
Y para esto se debe afectar considerablemente a la propiedad de los grandes Grupos Económicos Transnacionales. La contradicción principal sigue siendo Patria o Grupos Económicos.
Volviendo a la crisis podemos decir que lo que exportamos tiene dos condiciones, por un lado no se hace mayoritariamente a EEUU, centro de la crisis; y por otro realmente es fruto –fundamentalmente la soja- de un proceso de aumento de consumo mundial que parte del proceso de urbanización creciente de zonas superpobladas de China e India.
Para decirlo en otros términos la demanda real no se va a ver afectada. Pero no debemos engañarnos. El precio de los comodities en general está bajando y lo va a hacer aun más porque un componente significativo de estos precios, incluso de los alimentos, está compuesto por una especulación. Es decir, parte de la cifra que se pagaba por los alimentos estaba cruzada por la timba financiera. Esta parte va a tender inexorablemente a reducirse. Y la situación de recesión mundial puede afectar también a la otra parte.
Por otra parte nuestra economía tiene una fuerte relación con la brasileña lo cual dependemos de cómo sortee la crisis nuestro vecino grande, que sí tiene mucha relación comercial (y dependencia) con los norteamericanos.
Podemos concluir en que si bien la crisis no va a ser una hecatombe tampoco va a ser un paseo y seguramente va a haber un notorio proceso de desaceleración de la economía que empezará por afectar a los sectores populares que viven en el margen de la economía formal (changas, construcción, cartoneo, cuentapropismo, etc.).
También es cierto que como toda crisis es una oportunidad. Una oportunidad para generar un proyecto de país productivo y solidario. Con una mirada más hacia el mercado interno (incluyendo a todo Sudamérica) que al externo. En este sentido creemos que fue la trascendental medida de la renacionalización de los fondos jubilatorios. Esta fue la medida más revolucionaria del kirchnerismo en todos sus años de gobierno y fue producto del aprovechamiento de la crisis.

domingo, 21 de junio de 2009

MARCELO KÖENIG - Breve Biografía


Marcelo Koenig

Profesor adjunto en la Univ. Nacional de Buenos Aires, Fac. de Derecho en Historia Política Argentina y Teoría del Estado (JTP). Profesor titular de cátedra en la Univ. Popular Madres de Plaza de Mayo en Teoria del Estado en clave tercermundista. Fundador y miembro de la conducción de la organización Malón ex secretario nacional de prensa del Movimiento Evita y director de la revista Evita. Responsable del área de Comunicación del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía social (INAES) Autor del libro: -Combatiendo al capital, una teoría del Estado Nacional en los tiempos de la globalización y la exclusión-.

sábado, 20 de junio de 2009

SAMIR AMIN. Breve biografía.



Nacido en 1931 en Egipto, Samir Amin es uno de los pensadores neo-marxistas más importantes de su generación. Desarrolló sus estudios sobre política, estadística y economía en París.

Entre 1957 y 1960 trabajó en la administración egipcia del desarrollo económico. Desde ese año y hasta 1963 se desempeñó como consejero del Gobierno de Mali. En 1970 se convierte en director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y Planificación con sede en Dakar, Senegal. Actualmente es director del Foro del Tercer Mundo, una asociación internacional formada por intelectuales de África, Asia y América Latina, destinada a fortalecer los esfuerzos intelectuales y los lazos entre los países del tercer mundo, también con sede en Dakar.

Amin a dedicado gran parte de su obra al estudio de las relaciones entre los países desarrollados y los subdesarrollados, las funciones de los estados en estos países y principalmente a los orígenes de esas diferencias, las cuales se encontrarían en las bases mismas del capitalismo y la mundialización. Para Amin, la mundialización es un fenómeno tan antiguo como la humanidad, sin embargo, en las antiguas sociedades esta ofrecía realmente oportunidades para las regiones menos avanzadas de alcanzar a las demás. Por el contrario la mundialización moderna, asociada al capitalismo, es polarizante por naturaleza, es decir que la lógica de expansión mundial del capitalismo produce en sí misma una desigualdad creciente entre los socios del sistema.

Uno de los conceptos centrales de los estudios de Amin es la "tesis de la desconexión", el cual desarrolla en su libro La desconexión publicado en 1988. En el marco de esta obra elabora una serie de propuestas acerca de la necesidad de que los países subdesarrollados se "desconecten" del sistema capitalista mundial. Esta necesidad de desconectarse no está planteada, según Amin, en términos de autarquía, sino cómo necesidad de abandonar los valores que parecen estar dados naturalmente por el capitalismo, para lograr poner de pie un internacionalismo de los pueblos que luche contra este. La necesidad de desconexión es el lógico resultado político del carácter desigual del desarrollo del capitalismo, pero también la desconexión es una condición necesaria para cualquier avance socialista, tanto en el Norte como en el Sur. ¨.

Crítico feroz de la globalización, en cuanto sistema impuesto, Amin ve en ella una coartada detrás de la cual se esconde una ofensiva del capital, que quiere aprovecharse de las nuevas relaciones de fuerza que le son más favorables para aniquilar las conquistas históricas de las clases obreras. Estas relaciones de fuerza favorables están así planteadas desde la caída del bloque Soviético. Para Amin la etapa que va desde el fin de la segunda guerra mundial (1945) hasta el desmoronamiento de la URSS y sus satélites (1989-1991) significó una etapa de ascenso de movimientos de liberación en los países del tercer mundo y de progreso en sus economías ya que se vieron beneficiados por la competencia Este-Oeste. A partir del derrumbe de la URSS el triunfo del capital es total y este encuentra condiciones más favorables para dar marcha atrás en los logros de los pueblos. Amin discute la idea de la mundialización como logro de la humanidad, como máxima meta del progreso humano, sin embargo el discurso dominante hace de la mundialización una obligación absoluta, una ley incuestionable contra la que no se puede hacer nada. Aún más, la mundialización sólo tendría un aspecto, la que se nos propone en su nombre, siendo todas las demás forzosamente utopías.

Dentro del pensamiento de Amin también pueden encontrarse fuertes críticas al comunismo de tipo soviético. La principal es precisamente que no llegó a ser socialista. Muy por el contrario lo que hizo fue establecer un nuevo tipo de burguesía (la Nomenklatura) que se miraba, en todas sus aspiraciones, en el espejo de Occidente cuyo modelo ansiaba reproducir. Amin planteará que el socialismo significa no sólo la abolición de la propiedad privada sino también (e incluso más) otras relaciones con respecto al trabajo que las que definen el estatuto del asalariado y la construcción de un sistema que permita a la sociedad en su conjunto (y no a un aparato que opere en su nombre) dominar su devenir social, lo que a su vez implica la construcción de una democracia avanzada, más avanzada que la burguesa. Sin embargo la sociedad soviética no sólo no se diferenciaba de la burguesa en estos puntos sino que cuando se diferenciaba era para peor.

Entre su obra tenemos: El capitalismo en la era de la globalización, 1998; El fracaso del desarrollo en África y en el tercer mundo: un análisis político, 1994; El Mediterráneo en el mundo: la aventura de la Transnacionalización, 1989; El desarrollo desigual, 1986; Transforming the world-economy? : nine critical essays on the new international economic order, 1984; Classe et nation dans l"histoire et la crise contemporaine, 1979; Elogio del socialismo y otros escritos, 1978; El desarrollo desigual: ensayo sobre las formaciones sociales del capitalismo, 1978; Decadencia y crisis del capitalismo actual, 1978
L"impérialisme et le développement inégal, 1976; Imperialismo y desarrollo desigual, 1976; La nation arabe : Nationalisme et luttes de classes, 1976; Sobre la transición, 1975; Los Angeles, United States of Plastika, 1975; Sobre el desarrollo desigual de las formaciones sociales, 1974 y Le maghreb moderne, 1970

jueves, 18 de junio de 2009

¿Debacle financiera, crisis sistémica? Samir Amin

Informe introductorio - Foro Mundial de las Alternativas - Caracas, Octubre de 2008. Traducido por Manuel Colinas para Investig'Action - www.michelcollon.info (revisado por el equipo editorial de Rebelión, www.rebelion.org)

La crisis financiera era inevitable

La brutal explosión de la actual crisis económica no nos pilló desprevenidos. Además, yo la había evocado hace unos meses, cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar la actual definición del capitalismo, que hoy día se suele definir como "neoliberal globalizado". Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual está dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos, sino por los grupos "financiarizados". Más aún, estos oligopolios no producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De ahí la llamada "burbuja financiera", que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras. El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiplo. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.


Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del avejentado capitalismo

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es, una estagnación relativa de la producción y lo que ésta va a acarrear: regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.

Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.

La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del planeta, que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye, por lo tanto, el eje central de las luchas y conflictos por venir.

El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países ricos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos, ya que provocarían graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.

Si Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden asegurarse el acceso exclusivo de tales recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en última instancia, sólo existe un medio: la guerra.

Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de agrocombustibles a gran escala, en detrimento de la producción de víveres, todavía afectados por el alza de los precios.


Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes

Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner en pie este mismo sistema. ¿Qué son esas intervenciones estatales sino las que les exige la misma oligarquía? Sin embargo, no es imposible el éxito de esta puesta en pie si las infusiones de dinero resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más importante, será ineludible, ya que las "adaptaciones" previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficiente, pues no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.

Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros: privatizados ya los beneficios, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas. ¡Cara: gano yo; cruz: pierdes tú!


Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos

No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años 1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.

La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su progresiva nacionalización democrática. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que obliguen al capital a ajustarse a las reivindicaciones de las clases populares y los pueblos. A condición de que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizar en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esa dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.

Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.

1) - La reinvención por parte de los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad).

2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo, que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es, la desconexión. Lo cual implica:

a) El control nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El control de las tecnologías modernas en adelante posible,

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La derrota de la gestión globalizada, dominada por los oligopolios (la OMC) y la del control militar del planeta por Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema y de los mitos del pasado.

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del Tercer Mundo. Un desarrollo digno de llamarse así exige una estrategia política agrícola basada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapartida, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes - acelerar la privatización de la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países afectados no puede absorber dicha superabundante mano de obra, ésta se concentra en las barriadas miserables de los extrarradios ciudadanos o se deja tentar por las trágicas aventuras de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el aumento de las presiones migratorias.

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de alternativa? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en el sudeste asiático, en África o en América Latina. Este continente está un poco por delante en ese terreno. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio, el Bancosur, que supuestamente debe promover otra forma de desarrollo, asocia igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo una concepción convencional del papel que ha de desempeñar un banco.

Los avances en esas direcciones tanto en el Norte como en el Sur, que son la base del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del envejecido capitalismo.

Más que nunca, la lucha por el socialismo del siglo XXI está a la orden del día.